Entre las «emociones»

y la «verdad»

 

Me ha llamado la atención notar que, cuando se habla de noticias sobre las celebraciones religiosas, para calificar las reacciones notadas durante las mismas, la palabra más utilizada es la de «emoción».

Los seres humanos tenemos emociones ante sucesos buenos o malos. No están en nuestra mano, pero están ahí. A veces nos emociona una música, una película, un libro... incluso un deporte o durante un viaje...  Pero, como he dicho antes, lo más frecuente es que se den esas emociones con ocasión de una celebración religiosa, o en algo que tenga relación con lo divino.

Pero creo que al Señor no le bastan nuestras emociones. Desea que desemboquen en algo más concreto, en compromisos, en actitudes. Por eso dijo: «No todo el que me diga: `Señor, Señor', entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos.» (Mt 7, 21).

Esto me recuerda que hace tiempo leí un artículo en que la ONU proclamaba el nuevo Milenio como inicio de una nueva era en que se desarrollen «valores y actitudes de respeto a la vida y que conduzcan a practicar la no violencia». El artículo decía que esto sería posible con una adecuada educación en la escuela... Pero luego se está viendo la falsedad de este deseo porque parece ser que  de ese «respeto a la vida» están siendo excluidos por las leyes los niños en el seno materno. Y todo es fruto de que la educación que están promoviendo no es espiritual, no se basa en la verdad de las cosas. ¿Cuántas otras formas de falta de respeto a la vida no se cometen hoy, por no ajustarse a la verdad? Asesinatos, abortos, abandonos de ancianos, de niños, peleas juveniles, falta de respeto a los mayores o a los disminuidos físicos o psíquicos...

Por eso el Señor más que alabar las emociones quiere que fundemos nuestra vida en la Verdad: «Si os digo la Verdad, ¿por qué no me creéis?» Este reproche siempre es actual para nosotros.

¿No es verdad que, a veces, apartamos las emociones que nos obligarían  a obrar de otra manera?

¡Madre Nuestra! ayúdanos a escoger y a vivir la Verdad, aunque sea, quizá, crucificante, aunque nos tengamos que ver incomprendidos, apartados, en soledad...

De todo corazón,

Rosario